Esa capacidad de «encontrar el diamante en el lodo» no es solo un rasgo de suerte, sino una combinación de procesos cognitivos y rasgos de personalidad que han sido muy estudiados, especialmente por la Psicología Positiva.
Aquí te detallo cómo se llama, de dónde viene y cómo se entrena:
- ¿Cómo se llama esta habilidad?
Dependiendo del enfoque, recibe distintos nombres:
- Reencuadre Cognitivo (Cognitive Reframing): Es la capacidad técnica de cambiar el marco conceptual o emocional en el que se experimenta una situación para cambiar su significado. No es negar la realidad, sino verla desde un ángulo más útil.
- Resiliencia: La capacidad de no solo resistir la adversidad, sino de salir fortalecido de ella.
- Crecimiento Postraumático: Un concepto más profundo que explica cómo algunas personas, tras una crisis, desarrollan una nueva apreciación por la vida y mejores relaciones.
- Optimismo Aprendido: Concepto acuñado por Martin Seligman. A diferencia del optimismo «ciego», este es una herramienta lógica para combatir la desesperanza.
¿A qué tipo de carácter obedece?
No existe un «gen del optimismo», pero sí ciertos rasgos del modelo Big Five (Los cinco grandes) y otras teorías que facilitan esta actitud:
- Apertura a la experiencia: Las personas curiosas ven los problemas como «acertijos» o «experimentos» en lugar de amenazas.
- Locus de Control Interno: Es la creencia de que uno tiene influencia sobre los resultados de su vida. Si crees que puedes hacer algo, buscarás lo positivo para actuar; si crees que todo es culpa del destino, te rendirás.
- Autoeficacia: La confianza en las propias habilidades para manejar situaciones difíciles.
¿Cómo se cultiva? (La caja de herramientas)
La buena noticia es que el cerebro es plástico. Puedes «entrenar» tu mirada mediante estos ejercicios:
- La técnica de «Al menos…»: Ante un evento negativo, fuerza a tu mente a completar la frase «Esto es malo, pero al menos…». Esto activa la corteza prefrontal y reduce la respuesta de pánico de la amígdala.
- Búsqueda de beneficios (Benefit Finding): Escribir sobre una pérdida o fracaso identificando tres cosas que aprendiste o tres fortalezas que descubriste gracias a ello.
- Distanciamiento Temporal: Preguntarte: «¿Qué importancia tendrá esto en 5 años?». Esto reduce la carga emocional y te permite ver el panorama completo.
- Desafiar el «Estilo Atribucional»: Las personas que se hunden creen que lo malo es permanente, universal (afecta a todo) y personal. Quienes sacan lo mejor de cada situación ven lo malo como temporal, específico y externo (o al menos multicausal).
Saber sacar lo mejor de cada situación es, en esencia, una flexibilidad cognitiva. Es la diferencia entre ser un cristal (rígido y quebradizo) y ser agua (que se adapta a la forma del recipiente y sigue fluyendo).
A continuación profundizáramos en algún ejercicio práctico para empezar a entrenar el reencuadre cognitivo en el día a día …